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Jueves 12 de Julio de 2018

CIUDAD

La autopista inconclusa que se transformó en un “barrio” cada vez más cotizado -pág. 32 Clarín

Está en la traza de la ex AU 3, en Donado y Holmberg. Donde había baldíos y casas tomadas, levantaron edificios, con oficinas y bares. El m2 subió US$ 1.000 en un año.



Por Silvia Gómez

sgomez@clarin.com



FOTOS: DIEGO WALDMANN.

Nuevo. Un edificio, con viviendas y locales. Vecinos de toda la vida están conformes: “De robos y lo que imagines pasamos a ser un lugar normal”, dicen. Obras. También e edificios para quienes vivían en casas tomadas.



En las antípodas de lo que se promueve hoy en Buenos Aires y en muchas ciudades del mundo, la última dictadura militar (1976 - 1983) elaboró un Código de Planeamiento Urbano en el que las autopistas tenían un rol vital en el territorio porteño. Sin embargo, por diferentes razones, fueron las obras mas controvertidas y las que provocaron “heridas” urbanas que subsistieron hasta hace poco, co- mo fue el caso del eje de las calles Donado y Holmberg, que corren en paralelo, a la altura de los barrios de Villa Urquiza y Villa Ortúzar.

A nivel urbano, las autopistas generaron una tremenda contaminación visual y sonora y un corte profundo en la dinámica de los barrios que atravesaron. Además, incentivaron el uso del automóvil particular y generaron un costo millonario al expropiar miles y miles de viviendas particulares. Y parte de la construcción de las autopistas se financió con deuda externa.

Eran siete las vías rápidas que pensó la dictadura, con el brigadier Osvaldo Cacciatore al mando de la Ciudad de Buenos Aires. Se construyeron dos (la 25 de Mayo y Perito Moreno) y una se dejó a mitad de camino (la 7, hoy Presidente Cámpora, que cruza Villa Soldati). Además, para trazar la ex AU 3, se expropiaron cientos de propiedades sobre Donado y Holmberg pero cuando la dictadura dejó el poder en el año 83, la zona quedó abandonada literalmente.

A lo largo de decenas de manzanas, en casas semidestruidas y también sobre terrenos baldíos, se asentaron alrededor de 600 familias. Por supuesto, en una situación habitacional vulnerable. El primer paso para revertir esa realidad fue demoler aquellos vestigios y construir viviendas en el mismo corredor.

Las obras se realizaron a través de la Subsecretaria de Planeamiento, que depende del Ministerio de Desarrollo Urbano porteño. Además, se subastaron 42 parcelas para hacer complejos residenciales. Los edificios no pueden superar los cuatro pisos y en el frente debe quedar una vereda de 15 metros de ancho, con espacio verde. Así se fue conformando un parque lineal de 1.500 metros. Un área rebautizada como Barrio Parque Donado Holmberg.

Abarca unas 14 manzanas entre las calles Holmberg y Donado, desde Avenida Congreso hasta Carbajal. “Llevo toda mi vida en el barrio, pasamos del conflicto permanente, con robos, peleas, policía, ruidos molestos y lo que te imagines, a ser un barrio normal. Por supuesto, con cambios que por momentos nos abruman, como el aumento del ABL o la llegada de muchos autos que estacionan por la zona”, dice Susana Conti a Clarín. Vive en la misma casa en la que nació, sobre La Pampa entre Donado y Mariano Acha. Y aclara: “Pero creo que todo eso es parte del crecimiento y la transformación. Ahora es difícil imaginarlo, pero en un momento teníamos vecinos que vivían en la indigencia. Esta zona siempre fue una herida en la Ciudad”.

Las familias que vivían en casas y terrenos tomados fueron reubicadas en el mismo barrio con créditos blandos: se construyeron tres edificios bajos de 45, 32 y 29 departamentos cada uno; y en este momento edifican otros dos, de 30 y 74 departamentos. Estos últimos se entregarán en agosto y en diciembre, según informaron desde el ministerio a este diario.

La particularidad que tienen los proyectos privados que se construyeron en los terrenos que quedaron libres, es que las plantas bajas tienen locales. Y poco a poco se han ido transformando, la mayoría, en bares y restaurantes.

Uno de ellos es Le Blé, que tiene 21 sucursales distribuidas por toda la Ciudad: “Es un lugar muy interesante, porque hay un mix de usos. Hay oficinas, estudios y agencias de diferentes actividades y con diferentes horarios, lo que garantiza que siempre encuentres gente. Además, los nuevos vecinos”, cuenta un mozo. ¿Vienen también los vecinos históricos? “Por supuesto, muchas de esas vecinas que vienen a tomar el té. Me encanta atenderlas porque se genera un vínculo”.

“En 2011, el valor del metro cuadrado de los departamentos a la venta en la zona era de US$2.400 . En 2017, alcanzó picos de US$3.400 para los que se ofrecían a estrenar. La revalorización de las propiedades vino como consecuencia de los trabajos que llevamos adelante”, destacó el ministro del área, Franco Moccia. Recorriendo la zona se ven obras nuevas prácticamente en cada cuadra que conviven con las clásicas casitas bajas. Se trata de una combinación que los vecinos aprecian y que genera una renovación interesante en uno de los rincones de la Ciudad que había quedado postergado durante décadas.

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